POR QUÉ NOS CUESTA TANTO SOLTAR?

Lo conocido nos da sensación de seguridad, de conocer el terreno y creer que toda está bajo control. Nuestro cerebro busca lo familiar, recreando un ambiente seguro. Seguramente en los primeros tiempos de la vida del hombre en la Tierra este requisito era indispensable para sobrevivir, era cuestión de vida o muerte. Pero ya hemos dejado atrás esos tiempos primitivos y aún hoy actuamos con la misma lógica sin que sea necesario. Nos habituamos a las repeticiones que nos aseguran certezas. Por eso elegimos una y otra vez los mismos caminos, los mismos gustos de helados, pasamos las vacaciones en lugares familiares, conocemos la misma clase de personas, nos acostumbramos al mismo trabajo rutinario. Y creemos que una vez que hemos elegido algo debemos sostenerlo para siempre. Nos han educado bajo la premisa de lograr algo "estable". Nuestro ego necesita sostenerse entre estructuras sólidas con poco o nulo margen para las sorpresas.
No es sorprendente entonces, que nos aferremos tanto a lo conocido y nos cueste tanto soltarlo. Así vamos construyendo trabajos que nos aseguren un sueldo fijo mes a mes, con supuestas garantías de futuro. las compañías de seguros son tan exitosas en nuestra sociedad porque no han convencido de que más importante que disfrutar el presente es asegurarnos el futuro. Y nos creímos ese cuento. Vivimos hipotecando lo único seguro que tenemos que es el presente por un imaginario futuro que por más previsiones que hagamos jamás está asegurado en forma alguna. Y solamente cuando la vida nos da una bofetada inesperada que nos saca de nuestra zona de confort nos lamentamos por tanto tiempo perdido y suplicamos por una nueva oportunidad.
Así vamos construyendo relaciones que nos aseguren que no nos quedaremos solos en un futuro. No importa si el costo que tendremos que pagar sea cultivar relaciones poco satisfactorias, que no suman, que no nos permiten desplegar nuestro potencial o con las cuales, sencillamente, no somos felices. De hecho, medimos tan mal la importancia de las personas en nuestras vidas que las dimensionamos en el tiempo que duran en lugar del aprendizaje que nos trajeron, los momentos de amor que vivimos o el conocimiento de los misterios de la vida que nos aportaron. Esto aplica a parejas, hijos, padres y cualquier relación cercana en afecto.
Creo que lo primero que tendríamos que reconocer es a qué y a quiénes nos sentimos tan apegados. Luego revisar a conciencia qué sentimiento nos une a esa persona o situación porque muchas veces confundimos amor con necesidad o cualquier otro sentimiento que habla más de nosotros que del otro. ¿Amo a esa persona o en realidad la necesito para no sentirme solo? ¿La amo o creo que sin ella no podré ser feliz? ¿La amo o sostengo este vínculo porque creo que no seré capaz de establecer otra relación porque nadie más se fijaría en mí? ¿La amo o temo "perderla" y que alguien más ocupe este lugar? ¿La amo o me resisto a admitir que me he equivocado y no me atrevo a empezar nuevamente?¿Sostengo este trabajo porque me hace feliz o solamente porque me asegura la supervivencia y pagar mis gastos que parecen jamás dejar de acumularse? ¿Vivo en este lugar porque me gusta o porque no encuentro otra opción? Esta y mil otras preguntas podríamos hacernos con total honestidad porque no hay mayor falta de amor que mentirnos a nosotros mismos. Solo desmenuzando esta maraña de pensamientos y sentimientos confusos podemos empezar a encontrar el nudo que todo lo enreda
Tenemos que encontrar en nosotros el sentido de soltar porque si solo intentamos hacerlo porque hemos escuchado que es bueno hacerlo pierde fuerza y se diluye. Si no comprendemos desde el corazón para qué soltamos no tendrá propósito hacerlo y sufriremos mucho al intentarlo. No se puede forzar, tiene que ser un propósito interno con comprensión profunda de que lo hacemos por y para nosotros.
Soltar es abrir las manos para dejar ir lo que debe irse o incluso lo que ya no está. Muchas veces queremos desesperadamente retener algo o alguien que ni siquiera ya están pero lo sostenemos en nuestros pensamientos con la falsa ilusión de que así siguen formando parte de nuestra vida. Cargamos con un pasado que ya no existe pero aún tiene el peso que le otorgamos con nuestra energía. Se trata de dejar ir lo que ya no es para mí, lo que ya cumplió su ciclo en mi vida, lo que ya no encaja. La naturaleza nos da muchos ejemplos de lo que es soltar naturalmente: las serpientes que mudan su piel cuando ya está vieja y gastada para darle paso a la regeneración de una nueva piel más acorde, los árboles que en otoño dejan ir las hojas que ya no son verdes para dar paso a las nuevas que florecerán a su debido tiempo, las orugas que no se quedan encerradas en un capullo negándose a transformarse en mariposas. La naturaleza, en su profunda sabiduría sin lenguaje de palabras nos dice constantemente que debemos soltar lo viejo y esperar tranquilamente a que lo nuevo aparezca para tomar su lugar. Los seres humanos, en nuestra gran impaciencia y temor por el futuro, no sabemos apreciar la maravilla de la espera de que está llegando... ningún árbol se queda sin hojas por siempre. Los humanos nos hemos desconectado de lo natural y nos aferramos a lo conocido, aun cuando ya no sirva, porque estamos aterrados de quedarnos con las manos vacías. Es que no confiamos en la generosidad de la vida, no confiamos ni siquiera en nuestra capacidad.
Soltar es una decisión que se hace desde la conciencia de saber que jamás quedaremos vacíos. Y si nos animamos a hacer algo diferente, algo que nunca hicimos no sería una interesante manera de empezar a soltar?
En este video te dejo una sugerencia para empezar a practicar este arte de soltar.

Comentarios

  1. Muy bueno. Lo observo también en distintas áreas del conocimiento: la mayoría reacciona hasta con violencia cuando oye nuevas teorías que "amenazan" toda esa cantidad de sabiduría con la que se sienten tan cómodos y por tanto, no quieren soltar.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario