Nos acostumbramos a "escuchar" a los demás (en el caso de que realmente sepamos que escuchar implica mucho más que oir) y raramente somo conscientes de lo que nosotros decimos. No estamos muy habituados a escucharnos. Por eso, si queremos saber cuál es el propio discurso generalmente repetido una y otra vez en automático, se hace imprescindible la toma de conciencia. te invito a explorar y recorrer algunas frases con las cuales puedas sentirte identificado (palabras más, palabras menos):
◑ "¿Por qué me pasa siempre lo mismo?"
◑ "A mí siempre me pasa lo mismo!"
◑ "Soy un imán para los problemas"
◑ "Siempre me toca lo peor"
◑ "Qué querés que haga? Es lo que me tocó.!!!"
◑ "Nunca tuve suerte con ... (los hombres, las mujeres, el juego, los trabajos...)"
◑ "Nunca puedo ganar nada"
◑ " ¡Qué le voy a hacer? Esto es así y no tiene remedio."
◑"¿Qué hice yo para merecer esto?" (admitamos nuestra tendencia a la tragedia y el tango)
Podríamos seguir engrosando la lista pero para muestra basta un botón, no es así? No hace falta recopilar más frases sino reconocer en cuáles de ellas nos podemos reconocer. ¿Las decimos a menudo? ¿Las dijimos o escuchamos alguna vez? Seguramente que sí ya que son moneda corriente en muchas conversaciones que escuchamos a diario. Distingamos qué tienen en común todas ellas: Además de expresar queja, fastidio o conformismo ellas hacen referencias exógenas. Es decir, el nudo está hecho afuera... los "culpables" son otros (la vida, el gobierno, los padres, la pareja, los hijos, los familiares, los amigos). Y ahí nos quedamos: una vez que establecimos que la culpa la tiene otro nos podemos quedar tranquilos porque no hay nada que podamos hacer. Ya no transformamos en víctimas y desde ese lugar de pasividad es poco lo que está en mis manos. ¿Por qué nos instalamos en ese rol? Tal vez la respuesta resida en la comodidad y los beneficios secundarios que nos otorga: atención, pena, lástima, compasión.
Pero qué ocurriría si tomáramos la decisión de cambiar la perspectiva? Todo cambia, comenzando por mi rol que empieza a ser el de protagonista. La víctima se queja, se justifica, se autoengaña y autocompadece. Pero paga un alto precio que es la inmovilidad y la imposibilidad de que algo pueda cambiar. Vamos a mirar est con otros ojos por un momento. Vamos a abrirnos a creer que somos los únicos responsables de lo que vivimos, pensamos y sentimos. En principio te deba resultar difícil de aceptar, ya que cometemos el error de confundir responsabilidad con culpa. Además ya llevamo bastante tiempo depositando esa responsabilidad en otros lugares ajenos a nosotros. En principio será normal resistirnos a esa idea. Pero si lo intentamos tal vez logremos abrirnos a esa nueva idea y nos dejemos seducir por ella al darnos cuenta de que es la única manera de lograr cambios. Tan solo si me hago cargo de mi propia vida y de todo (si, todo) lo que me ocurre porque lo que llamo mi realidad es mi propia construcción mental, solo así tendré el poder de modificar todas aquellas áreas de mi vida que no me agradan, no me suman ni me permiten crecer. Es importante que conozcamos el principio universal que dice que todo el universo es mental para comprender que lo que llamamos realidad es tan solo la propia percepción de los hechos que suceden. Es mi mirada lo que transforma un mismo suceso en una desgracia o una posibilidad.
Será un largo proceso interno ya que mi mente intentará boicotear una idea tan revolucionaria que la pone en jaque y la saca de su estructura segura. Trataré de convencerme con miles de argumentos lógicos que esto no es posible. te invito a adentrarte en la aventura personal de poner el foco adentro, de iluminar nuestros aspectos más difíciles y sombríos para iluminarlos con una mirada nueva que no permita saltar de lo que ya conozco por lo que puedo empezar a descubrir.

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